Al Niño Jesús le encanta caminar en las mañanas. El aire matutino le inspira a darle gracias a Dios, por todo lo que ha creado. Como los cerros, por ejemplo,...
¡Mucho le gustan a Jesusito los cerros y los montes!
Mamá María le ha enseñado a agradecer desde muy pequeño, por lo que no desperdicia ninguna ocasión para hacerlo.
Su cabello menudo y ondulado se mece con el viento. Sus ojos vivaces y tiernos escudriñan toda la naturaleza.
Corre a casa para poner a salvo a alguna lagartija que ha perdido su cola, o a algún ratoncillo en búsqueda de alimento. ¡Hasta los coloridos pájaros le piden de beber!
No es sorpresa, en casa de María, ver avecillas tomando agua de sus pequeñas vasijas, o migajas de pan devoradas por dos o más ratoncillos.
El pequeño Jesús sonríe complacido.
Su pequeño corazón es en realidad gigante.
Repleto de amor y bondad para todos.
¡Mucho le gustan a Jesusito los cerros y los montes!
Mamá María le ha enseñado a agradecer desde muy pequeño, por lo que no desperdicia ninguna ocasión para hacerlo.
Su cabello menudo y ondulado se mece con el viento. Sus ojos vivaces y tiernos escudriñan toda la naturaleza.
Corre a casa para poner a salvo a alguna lagartija que ha perdido su cola, o a algún ratoncillo en búsqueda de alimento. ¡Hasta los coloridos pájaros le piden de beber!
No es sorpresa, en casa de María, ver avecillas tomando agua de sus pequeñas vasijas, o migajas de pan devoradas por dos o más ratoncillos.
El pequeño Jesús sonríe complacido.
Su pequeño corazón es en realidad gigante.
Repleto de amor y bondad para todos.
